martes, 04 julio, 2006

Historia de una herencia



Siempre me digo que debo agradecer las muestras de interés hacia mi persona que recibo en la web, y siempre lo pospongo. Porque siento que algunas destilan una preocupación que va más allá de lo puramente profesional, como si yo necesitara de cierto apoyo anímico. Eso me hace difícil responder, pues hacerlo de verdad significa entrar en un terreno excesivamente personal, y dejar escritas según qué cosas que me pudieran perjudicar. Pero bueno, seguramente yo, antes, he dado ese tipo de confianza, he creado un clima propicio a las confidencias y ahora he de ser consecuente con él.

En todo caso, para no mantener dudas por más tiempo, quiero decir que mi ánimo es excelente, de verdad. Cómo lo es el ánimo de los verdaderos supervivientes, que cada mañana dan gracias a la vida por estar ahí, por ser tenidos en cuenta, por disponer aún de la Gran Oportunidad de seguir tirando. Lo digo convencido, sin ironía. "Me paga ya la vida" responde a mi momento actual, como "Que no soy yo", "El extranjero" o "El invento" respondieron a otros igualmente válidos e intensos. Y en esa canción recojo la idea que inicia este párrafo: la de sentirme ya pagado por la posibilidad de emprender el viaje. Lo de menos es hasta dónde te lleve, si crees que tomaste una buena dirección.

Los actos humanos basados en el espíritu de logro, dependen de lo que lograron para dar sensación de felicidad. Los que se basan en el placer de ser, de expresarse, como fin en sí mismos, son siempre placenteros.

Recuerdo uno de los mensajes más lúcidos que he leído en el libro de visitas -no sé si aquí o en la web de Toto-. Venía a plantearse, como justificando mi retirada del 86, si no pudiera ser que la verdadera misión de un artista sea ésa, dar lo mejor de sí mismo mientras pueda y desaparecer sin hacer ruido ni dejar rastro. Curiosamente, ese escueto mensaje me impactó sobremanera, porque encerraba toda una lección sobre eso tan aparentemente complicado que es el SER. Ya no ser uno mismo -sentimiento unido al hecho de reafirmarse- sino solamente SER, como una fuente, que mana a su gusto o a su pesar, pero mana porque no puede dejar de hacerlo.

En algún otro sitio creo haber escrito que la verdadera libertad, para mí, no es disponer de un mayor número de alternativas en la vida, sino saber qué alternativa realmente eres tú y abandonarte a ella, liberado de cualquier otra responsabilidad. La libertad de rendirte, finalmente, a la única opción que es la tuya.

El proceso que me retornó a la música tiene mucho de eso, de toma de conciencia, de asumir que yo, de alguna manera, era la música que hacía. Lo cual, de nuevo me obligaba a hacerla, como una fuente.

Cuando aflojó mi resistencia y me puse en marcha, me dio un subidón que duró meses. Volver a centrarme en mí, escudriñar en mi capacidad de sentir, para luego evocar, hacer aflorar las emociones, y finalmente volver a registrarlo todo sobre una servilleta de papel o una grabadora. ¡Qué fuerte, después de tanto tiempo de silencios!

Y me lo bebí todo a borbotones. Una vez compuestos los temas -lo que me llevó casi un año- asumí la producción del disco: búsqueda de arreglista, estudio de grabación, estudio para masterizado, diseñador del estuche, fotógrafo, empresa fabricante del cd, etc. Era un momento de exultancia, donde sacaba el tiempo de donde fuera para escribir para la web, tanta ilusión el proyecto me inspiraba.

No sólo asumí la producción. Localicé y pacté la distribución con Actual Records, empresa catalana dirigida por Joan-Carles Doval, al que ahora puedo llamar amigo mío. Pero Actual Records sólo vende discos, no los promociona, por lo que tuve que embarcarme de nuevo. Aproveché un rinconcito de Validance, mi propia empresa, para organizar un Gabinete de Prensa, y ponerlo a cargo de Charo Hernández, magnífica profesional de la que hablo en otras entradas de este Diario de Viajes.

Durante ocho meses Charo contactó con todos los medios de este país, sobre todo radio y televisión. Los más intensos fueron cinco -entre noviembre de 2004 y marzo de 2005- donde tuve vivencias hermosísimas y pude disfrutar de entrevistas muy brillantes. Constaté, con júbilo, que se me captaba más, que se me entendía más ahora, recién llegado, que hace veinte años, cuando mis canciones sonaban por las radios con frecuencia.

Se hizo un buen trabajo, pero siempre supe que sería insuficiente. A pesar de contabilizar más de 130 intervenciones en los medios de prensa, radio y televisión, el hecho de ir por libre me impidió acceder a los programas de mayor audiencia. Hay una presión brutal entre las compañías de discos sobre estos medios para arañar unos segundos de esa audiencia. Las grandes, además, cuentan con la posibilidad de negociar la aparición de artistas de segundo nivel, a la sombra del tirón de los artistas punteros. Nada de eso pudimos hacer nosotros. La crítica especializada aplaudió mi retorno y habló muy bien de "Sólo bajé a comprar tabaco", pero el lanzamiento llegó hasta donde pudo. A día de hoy aún me sorprende -después del esfuerzo realizado- constatar la cantidad de gente que no sabe de mi vuelta.

Simultáneamente a las actividades promocionales -viajé por España durante meses- organicé una oficina de Management, para llevar la contratación de conciertos desde Validance. Amplié la plantilla en tres personas y conectamos con todos las entidades del estado, públicas o privadas, potencialmente organizadoras de espectáculos.

Lo que para mí era la llave de mi propia salida profesional, desde la web se leyó distinto, pues yo ya no disponía de tiempo para escribir y sentía mi energía más urgente para otros cometidos. Pero no lo supe explicar a tiempo, y hubo quienes, entre vosotros, tradujeron mi silencio en desánimo, cuando sólo era una cuestión de desarrollo. De desarrollo o de pura supervivencia, porque lo cierto es que había una realidad, de la que hice cuanto pude por escapar. A modo de resumen, digamos que, si la promoción de un disco es insuficiente, el disco no se acaba de colocar nunca, está y no está. Y si no suena demasiado, no cuaja. Y si no cuaja, no tira de los conciertos. Esa era mi realidad. Me sabía mal leer comentarios de algunos asiduos a esta web lamentándose por la falta de información relativa a mis conciertos. ¿Y si tales conciertos eran los mínimos? ¿Cómo podía responder a eso?

Que conste que nunca lo llevé mal, en absoluto. Sabía de antemano que esa posibilidad estaba... De hecho mucha gente me avisó, pero preferí lanzarme al ruedo así, a cuerpo gentil. Había heredado un dinero que me permitió embarcarme en mi particular aventura personal, y no lo dudé un minuto. Nunca le he dado demasiada importancia al dinero, por eso nunca lo he tenido ni creo que lo tenga. Y por eso, cuando se aunó en el tiempo una cierta cantidad con la oportunidad de darle un destino tan satisfactorio, ni me lo pensé.

En este punto, hubo dos personas a las que quiero hacer mención. Una, mi amigo de siempre, Paco Martínez, de Navarrés, que repetidamente me ofreció soporte económico, y otra, menos previsible pero igualmente sorprendente, la de un amigo al que había dejado de ver durante quince años: Moncho Borrajo. Humorista excepcional -dos horas sin dejar de hacerte reir a carcajadas no lo consigue todo el mundo- y generoso donde los haya, me llamó y me ofreció su ayuda económica a fondo perdido. Oir eso vale mucho.

Quiero, pues, tranquilizar a quienes más se han felicitado por mi vuelta y por ello más temen una nueva retirada. Que sepan que siempre, en mi primera etapa, se me asoció al Guadiana, en su naturaleza de aparecer y desaparecer. Eso, que para un río es una maravilla, ya que le da ojos, en un cantante suena a descrédito. Pero ésa siempre fue mi doble condición -ora activo y público para promocionar, ora solitario y recogido para componer- en ciclos de año y medio o dos años. Guardo artículos de prensa de aquella época que a cada disco mío anunciaban: "¡Vuelve Humet!". Y yo nunca me había ido. Sólo lo hice una vez, al final... y tampoco ha sido definitiva.

El que ahora haga balance de la situación no implica una rendición, todo lo contrario. Pero es cierto que, a nivel de motivaciones, en este tiempo me han ido pasando cosas, a nivel interior, bastante liberadoras. Cosas que quiero confiaros, ya que no sólo vienen al caso, sino que para mí fueron determinantes.

Desde 1990 vivo inserto en un trabajo para mi propio desarrollo personal (parece petulante, pero es así), de la mano de un Maestro. Es mi Maestro, pero también el de muchas otras personas. Aún así, tiene tiempo para recibirte en su casa en el campo, en la preciosa Sabina italiana, donde -según él- se prensa el mejor aceite del mundo y se originó el imperio romano. En uno de esos viajes le llevé el disco del tabaco salidito del horno; era la culminación de años de trabajo, que él había seguido a distancia pero con atención.

En un momento dado, después de comer en grupo, en la sobremesa, me preguntó por qué volvía a la música, por qué creía que valía la pena hacerlo.

Para entender mi respuesta, quizá valga la pena aclarar algo. Ante un Maestro, si es un Maestro de Poder (por eso le añado la mayúscula), nunca tienes escapatoria. Estás tan sometido a su mirada, que te sientes desnudo y no puedes mentir. Al menos, no puedes mentirle a él más de lo que te engañas a ti mismo. Por eso, ese tipo especial de seres aprovechan ese hecho para llevarte rápidamente a tu verdad íntima, más allá de tu verdad social, que acostumbra a ser ilusoria. Y lo hacen poniéndote una especie de espejo ante ti, al que no puedes sustraerte.

Cuando me preguntó, mi respuesta, condicionado por la avalancha de mensajes de la web que habían tirado de mí, fue inmediata: "Por una cuestión de responsabilidad".

Sicuro? —dijo él, y a medida que lo decía me invadía un sentimiento paulatino de estupidez. Ese "¿Seguro?" era un espejo, y sé bien lo que significa... no se daba por respondido ante una respuesta social.

—Bueno, en realidad, creo que debo cerrar un círculo que dejé mal cerrado hace muchos años...

Yo mismo me sorprendí de esa respuesta, nunca la hubiera previsto, nunca había caído en algo así. Él me arrancó mi verdad profunda.

—Ok, —me respondió— ahora sí. Pero, Juan, siempre desde el juego. Tómatelo así, como un juego... un juego serio, si quieres, pero sólo un juego.

La verdad, volví a Barcelona bastante tocado. Domenico me había desmontado en un minuto una motivación alimentada durante años. Pero, a la vez, me había liberado de todo el peso que, voluntariamente, estaba soportando.

Recuerdo lo que vino a continuación: una batalla interior que libré durante meses. A medida que me iba sintiendo bien en la música, con mi disco bajo el brazo, me fui retrayendo ante Domenico. Mi capacidad de apasionamiento era tal, y a la vez me sentía tan vulnerable ante él, que temía una sola sugerencia suya en la dirección de abandonar la música. Sí, sé que él no lo hubiera hecho nunca, porque sé de su respeto a la libertad de cada uno, pero el temor estaba ahí. Encontrarte con el Poder lo lleva.

Y como siempre he sido bastante quijote en algunas cosas, le escribí. Y le dije lo mucho que representaba esa nueva etapa para mí, que yo era esa música... y tal y tal. Pero que, si un día llegaba a advertir que ese camino me alejaba del mío personal, aún doliéndome mucho, dejaría la música definitivamente. Ese ofrecimiento me costó mucho, pero lo hice, y de corazón. Domenico no me contestó, o digamos que no lo hizo sobre un papel... porque su respuesta me fue llegando con el tiempo, por una vía más sutil.

Hoy, dos años más tarde, sea por las dificultades que este trayecto me ha hecho pasar, sea porque el círculo abierto se cerró, sea porque hice mi propia catarsis, o sea porque me quedé sin un euro tras la aventura, ya no siento ese temor a dejar la música. Ahora, mi vínculo con ella es totalmente sincero. Nada me ata a ella, ni la necesidad de expresarme siquiera, porque estos años he descubierto otras vías de expresión que también me llenan y me hacen sentir útil. Sin embargo, ahora creo que, jugando, puedo hacer mi mejor música, desde la más absoluta convicción de que no la necesito. Esa es la realidad.

En ese punto estoy, por eso dije al principio que mi ánimo es excelente. Soy un francotirador incombustible que se hace y se rehace a cada momento, que se gusta en sus diversas formas, que las cultiva, pero intenta no identificarse con ellas. Vivo aquí y ahora, sin angustias.

El otro día leía, en una revista médica de mi peluquería (lo que es bastante raro), distintos tratamientos psicológicos para los cuadros de angustia y los ataques de pánico. En ninguna de las alternativas, ante el miedo a una muerte inminente, se mencionaba la más sencilla, la de aceptar la muerte, así como suena. Estoy convencido de que el miedo profundo al cambio tiene mucho que ver con esos cuadros de angustia, pero nadie parece reparar en que el miedo a la muerte sólo se vence abandonándose a ella. Y, aunque parezca traumático, una vez el cuerpo se reconoce escuchado y reconocido en sus demandas de cambio, cede y la angustia remite.

Algo de eso me ha pasado a mí estos dos años. He echado mucho lastre por la borda, por la fuerza de las cosas, que aún siendo placenteras no han sido fáciles. Y ahora me siento bien, en pleno desapego. Claro que aún mantengo algunos de mis fantasmas, cosas por resolver, pero cualquier día me las traigo al Diario de Viajes y las quemo...

Aceptarlo todo como un juego...

Hoy, que vivo al día, necesito ser práctico. Ya no sé si podré volver a grabar discos por mis propios medios -no heredo todos los días- pero la salida del último me ha reportado cierto crédito que espero capitalizar. Después del recopilatorio "Melancolía" (BMG Ariola), y gracias al tirón de "Sólo bajé a comprar tabaco", han aparecido otras reediciones y recopilatorios, como "Diálogos" (Dro), "Gemma entre Fulls" (Picap), y un doble de Ramalama, que está al salir si no ha salido ya, en el que figuran "Diálogos", "Aires de cemento" y el que me hace más ilusión, "Fins que el silenci ve". Por lo que respecta a mí, me encantaría cumplir un sueño que llevo conmigo muchos años: escribir en catalán y en valenciano, sumar los dos acentos en un mismo trabajo. A Joan-Carles Doval le encantó la idea, y me da la oportunidad de grabarlo con Picap, su discográfica. De hecho, él esperaba el disco para la programación de 2006 y le dije que no podía ser, que aún no me he puesto seriamente en ello.

¿Por qué? Porque he de vivir, he de facturar. La música no me lo permite. Y tengo una profesión desde hace veinte años a la que respeto profundamente, y que durante tres de ellos postergué para dedicarme a mi aventura. Es justo, pues, que ahora le dé todo mi tiempo.

Eso he hecho este último año, desde julio pasado. Nos dimos un abrazo Charo y yo, y, aunque nos vamos llamando, cada cual siguió su camino. Todo deberá esperar de nuevo un poco, mi gabinete de prensa, mi oficina de management. Debo hacer dinero para vivir, para vivir con la tranquilidad que me permita componer de noche, durante los fines de semana o incluso en las vacaciones. Así lo hice hace tres años, y el resultado me gustó.

Seguiré apareciendo por aquí, pero ahora lo prioritario es Validance, mi pequeña empresa, mi consultora especializada en temas relacionados con la calidad de servicio a los clientes, la única que existe de estas características en España, a mi entender. En ella aplico toda la creatividad de la que soy capaz. Abrimos hace unos meses nuestra web, www.validance.com, de la que me siento especialmente orgulloso. Y durante todo este año hemos estado perfilando un catálogo de servicios potente, en base a una selección representativa de tareas realizadas desde 1986 y algunas novedades bastante sorprendentes.

Yo ya me he acostumbrado a esta evidencia: siempre deberé apoyarme en mi actividad como consultor para dar salida a mi actividad artística. Lo acepto y me gusta.

Si, en un tiempo, vuestros mensajes de ánimo fueron el alimento motivacional que me puso en marcha, ahora necesito, simplemente, funcionar al máximo como consultor. Eso es lo prioritario ahora. Estoy seguro de que me entendeis.



Posted by Joan Baptista at 20:53
Edited on: martes, 04 julio, 2006 22:38
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