Querido amigo, querida amiga:
Gracias por venir, por visitarnos. Desde aquí
quiero saludarte personalmente. El resto de
secciones de esta web se llevan desde Validance",
sello discográfico que abrí recientemente,
pero esta página y algunas más
me comprometí a escribirlas yo directamente.
Quiero compartir contigo mis motivaciones.
Quiero que sepas dónde estoy. Si encuentras
estimulante lo que sigue, quédate conmigo;
haré lo posible para que no pierdas el
tiempo.
Siempre he tenido un sueño, no sé
por qué. Siempre me ha cautivado la idea
de ser autosuficiente en mi trabajo. Y la vida,
hoy, se empeña en llevarme a ello. Lo
que parecen dificultades, a menudo sólo
lo son en apariencia; en realidad, la vida nos
ofrece a cada paso una oportunidad. Pero tenemos
miedo al cambio, porque en cada cambio algo
muere en nosotros. Y en mí algo murió
estos últimos años: mi propio
sentido de la dependencia, mi concepción
como artista "al servicio de...",
o "tutelado por...".
Cuando decidí volver a cantar me asaltó
un júbilo maravilloso. Era lógico:
durante más de quince años había
negado conscientemente tal posibilidad. Y una
vez aflojé y acepté el reto de
encarar mi vuelta, toda mi energía se
puso en marcha en esa dirección. He vivido
siempre hechizado por mis actividades; he vivido
apasionadamente cada instante de mi vida. Y
la música fue eso, más que trabajo
fue mi vida, la forma natural de expresarme.
Pero debo decir que a mí, cantar, componer,
siempre me hizo aparecer desnudo frente al otro.
La música me hizo fuerte y, a la vez,
tremendamente vulnerable. Eso lo acepté,
o no pude sustraerme.
Otras cosas las llevaba peor; por ejemplo,
las compañías discográficas.
Siempre opiné que los artistas dejan
un gran capital emocional e intelectual en manos,
generalmente, de una pandilla de aficionados.
Por una empresa que, de verdad, se organizaba
e investigaba en nuevos valores, por una empresa
creativa, con talento, había diez que
copiaban. Como en la escuela.
Hoy, después de mi etapa de júbilo
inicial, más tranquilo, acepto que nada
ha cambiado o si lo ha hecho es para peor. Me
fui porque no encajaba en el sistema. Yo era
el sí pero no, la duda autoaceptada,
el matiz. Y las compañías eran
expeditivas y no sabían que hacer conmigo.
Tenía que afanarme constantemente en
desnudarme un poco más para definir un
rasgo, para reivindicar un lugar. Y me cansé.
Hoy, que los stripteases me preocupan menos
-lo que pudiera ocultar no tiene mucho valor-,
el tema aún es más grave que hace
quince años. Las discográficas
importantes no promueven artistas, y menos de
largo recorrido -y por tanto más lento-.
Sólo buscan lanzamientos de fácil
amortización, pelotazos.
Y las excepciones no hacen sino alimentar esa
dinámica: un Alejandro Sanz, por ejemplo,
o un Juanes, no se los puede atribuir ninguna
compañía. Se han hecho a sí
mismos, y se han hecho a pesar del business;
es la ley del talento, el que lo tiene siempre
ha de soportar la conjura de los necios de turno.
Yo no sé si tengo talento. Sé
que tengo la habilidad de hacer canciones, y
una cierta facilidad para conectar con mis sentimientos,
que siempre parecen ir al completo. Eso es lo
que puedo compartir. Pero no estoy dispuesto
a pasar por más calvarios de incomprensión.
Es decir, vuelvo con una condición: ser
libre y el único responsable de mi nueva
andadura, de mi éxito y de mi fracaso.
Me gustará, me encantará dar
mi vida por demostrar con mi apuesta que un
cantautor lo tiene todo, lo lleva todo consigo;
él es, si sabe gestionarlo, su empresa
más valiosa. La palabra mágica
es autogestión.
He proyectado el retorno a la música
desde ese sueño, esa apuesta. La autogestión
es el futuro, acuario puro. Lo tenemos todo
para ello. Hoy sí, no en el 86, cuando
internet sólo existía para los
militares americanos. Si existen compañías
aéreas que ganan dinero cobrando la décima
parte que las tradicionales, ¿por qué
un artista con iniciativa no va a ser rentable?
Es decir: se puede hacer. Se puede componer
y grabar, y editar, y fabricar discos sin demasiado
esfuerzo. Y contratar una distribuidora para
venderlo. Y montar un gabinete de prensa.
Entonces, ¿qué falta?
En realidad, sólo faltas tú.
Si tú tomas conciencia de esto, de lo
que la autogestión significa, te darás
cuenta de que tú eres mi fuerza. Tú
me la das y tú me la quitas. Si hablamos
de autogestión, hablamos de medios limitados
y hablamos de precios asequibles. Pero si hablamos
de autogestión no podemos hablar de eMule,
de Kazaa, porque ahí se acaba todo, se
acaba el sueño.
Siempre he creído en trabajar para personas
con cara y ojos, para seres humanos, no para
la masa. Y me permito decirte ahora, desde ese
trato personal, que si tú me respetas,
yo me daré hasta el final, porque dependo
de ti.
Tú y yo podemos demostrar, con los tambores
de un guerra global amenazando tras las montañas,
que la utopía en la música es
aún posible; que, con imaginación,
energía y las ideas claras, es posible
pasar de los intermediarios. Ellos lo harán
valer mientras puedan, mientras haya artistas
dispuestos a creerles. Pero saben que, tarde
o temprano, el mundo dará la vuelta como
un guante. Que internet y su alcance les descoloca.
¡Cómo me gustaría demostrar
eso, en beneficio de la gente joven, la gente
acuariana, sin ataduras, sin dogmas, en este
tremendo desierto de ideas!
Sólos tú y yo. Artista que se
ofrece apasionadamente, que da lo mejor de sí
mismo, a quien primero también ha hecho
una opción, una elección de soporte
a favor de una idea, de una relación,
de un sentimiento.
Como decía una canción, que cerraba
aquel trabajo mío llamado Fins
que el silenci ve: "llavors cauen
els gegants" (entonces caen los gigantes).
Gracias otra vez por acudir.
Joan Baptista Humet